El ocaso de los partidos

Las organizaciones políticas no pueden ser cenáculos del poder donde cuatro vivianes y otros arrebiates de la politiquería, se reúnan a maquinar cómo hacerse de unos reales para asegurar su vejez, ni mucho menos para acomodar a la familia y todavía peor, para montar en cargos a sus amantes o en su defecto a sus machos. Esa no puede ser la teoría política de quienes tienen en sus manos el rumbo de la democracia, ya que si bien es cierto la democracia está sustentada en las bases de los partidos políticos, no es posible que estas aberraciones institucionales, se ocupen de las cuestiones menores y de lo irracional del ser humano. Por esa razón no abren las puertas del intelecto para sus copartidarios porque les interesa tener en sus filas eunucos de la mejor estirpe, que puedan convalidar vicios y francachelas. En ese juego perverso de jugadas malévolas, donde lo metálico está por encima de las ideas, andan estas organizaciones de vieja data, que en el Olimpo de sus estructuras tienen a bicharracos con expedientes por atraco a mano armada a gobernaciones de todo el país, por ventas de casas del partido y por robo vulgar y corriente a instituciones municipales. Ese es el perfil de individuos sin ninguna reputación, que se enquistaron en el poder esperando que saliera el sol del nuevo poder y se quedaron con los crespos armados en espera de su turno para meter las manos en la busaca del Estado. De esa forma los llamados partidos tradicionales se quedaron atascados en medio de la travesía y perdieron irremediablemente la credibilidad de un ciudadano cansado de tanto affaire de corrupción, de tanto escándalo por tráfico de comisiones y de tanta bisutería politiquera. Por eso se cambiaron los papeles en el damero político nacional, con nuevos actores que permitieran limpiar el conuco de la podredumbre existente en un escenario, donde se deben poner reglas de juego para enderezar el rumbo de la democracia.
Si bien es cierto que debemos impulsar los partidos para su renovación, es menester poner reglas de oro para que los nuevos integrantes de las organizaciones políticas, se olviden del credo a la corrupción, pues por momentos se infiere que cuando los miembros de las organizaciones llegan a sus recintos, se les entrega un recetario con todas las aberraciones a implementar en esos recónditos lugares de la mafia política. Eso no es así, pues tácitamente no está permitido, pero cuando ves la conducta de “los lleva y trae” que subsisten en esos escenarios por entregar encomiendas entre los capataces del partidos y los alcaldes, o viceversa, te das cuenta de dónde estás y con quiénes compartes. Si presencias la entrega de regalos provenientes de los fondos públicos, la realización de negocios redondos, la entrega del 10 o el 15% por contratos de obras, las licitaciones sin pasar por los reglamentos y tanta podredumbre del poder, entonces llegamos a la conclusión que las organizaciones políticas son en resumidas cuentas espacios de la picardía. Si eso no es así, revisen cuántos familiares de los dirigentes de los partidos están en las alcaldías, institutos públicos, busquemos las jubilaciones de los jeques de los partidos o los beneficios económicos que ostentan los bandidos de la nueva era política. Revisemos cuántos dineros se pagan en habitaciones, carros alquilados, restaurantes, pasajes y cuánto dinero perciben los dirigentes nacionales cuando llegan al Estado a mostrar su poder político. Con esa realidad es necesario sacar del juego a bandidos sin alma, que sólo están programados para ascender al poder y así llenar sus alcancías vacías por la sequía en el tiempo, pero si esa es la idea, entonces debemos trabajar para dejar en el gobierno a quienes no habían tenido la oportunidad de estar un rato en el sillón de mando.
Los partidos políticos no se hicieron para que dos insulsos dirigentes irrespeten todas las semanas a los miembros fundamentales de esa tolda con discursos cíclicos, que terminan desesperanzando a quienes se arman de paciencia para escuchar a estos carcamales de la vieja política. Lanzan sus gritos de guerra para alentar a los mismos pendejos de siempre, que se sientan en las anticuadas silletas para pagar sus pecados al escuchar sandeces de todo tipo. Ese es el estilo de quienes conducen a las organizaciones como hatos particulares y gritan a todo pulmón para ocultar su incapacidad de dinosaurios sin alma, pues de nada conocen, pero sí de negocios a espaldas de los instrumentos militantes. Lo sustancioso no se discute en público y los cargos son otorgados a dedo por quienes se consideran dueños del mundo, y es por eso que los partidos entran estado comatoso, pues no han entendido la nueva realidad política nacional.